Un bosque de verdad
Encinas, quejigos y madroños en la sierra, la especie que corresponde a esa tierra y no la que quede bonita. Un bosque que ya existía, cuidado para que siga existiendo dentro de cien años.
Bosque memorial · Comunidad de Madrid
Un árbol al que volver, y que un día será el de toda tu familia.
Las cenizas descansan en la raíz de un árbol vivo, en un bosque a menos de una hora de Madrid. Puedes ir cuando quieras. Y cuando llegue el momento, el mismo árbol recibe a los siguientes.
Primer anillo
En 2024, por primera vez desde que hay registros, en España se incineró más de lo que se enterró: 218.538 personas, algo más de la mitad de las que murieron. Y casi todas esas familias se quedaron después con la misma pregunta sin respuesta: dónde poner las cenizas.
Un armario no es un sitio. Un nicho hay que pagarlo cada pocos años. Y esparcirlas en el campo deja un recuerdo bonito y ningún lugar al que volver, que es justo lo que casi todo el mundo acaba echando de menos.
Pandora es la tercera respuesta: un árbol concreto, en un sitio concreto, con un nombre. Ahí es donde están.
Segundo anillo
Encinas, quejigos y madroños en la sierra, la especie que corresponde a esa tierra y no la que quede bonita. Un bosque que ya existía, cuidado para que siga existiendo dentro de cien años.
Se elige el árbol andando por el bosque, no en un plano. Lleva una marca discreta con el apellido, sus coordenadas exactas y una ficha para quien venga después y no sepa dónde mirar.
Sin horario de cementerio ni permiso que pedir. Se llega en coche, se aparca y se anda un rato. Mucha gente viene a comer al lado.
Tercer anillo
Esta es la parte que no existe en ningún otro sitio. El árbol no es de una persona: es de una familia, y va pasando.
El día que le toque a la siguiente generación, no hay que buscar sitio ni tomar ninguna decisión con prisa: ya hay un árbol, y es el de los suyos. Con los años, ese tronco acaba guardando a cuatro o cinco generaciones de la misma gente.
Un árbol genealógico, pero de los que dan sombra.
La titularidad se transmite como cualquier otro derecho familiar, y se puede cambiar de manos si la familia lo decide.
Cuarto anillo
Una conversación, sin prisa y sin compromiso. Casi siempre por teléfono, y casi siempre es la familia la que pregunta más de lo que esperaba.
Antes de decidir nada. Se anda, se ve cómo es y se elige el árbol entre los disponibles. Ese paseo suele decidirlo todo, en un sentido o en el otro.
Se acompaña a la familia, con las palabras que quieran o sin ninguna. Las cenizas van a la raíz, mezcladas con la tierra del sitio.
El árbol se cuida, se riega los primeros veranos y se repone si algo le pasa. Cada primavera se manda una foto de cómo va.
Quinto anillo
Las cenizas no tienen la consideración sanitaria de un cadáver, y su destino está mucho menos restringido de lo que la gente cree. Aun así cada comunidad tiene su reglamento y el terreno tiene que estar habilitado para ello. Es lo primero que te explicamos en la llamada, con la normativa concreta de Madrid delante.
El árbol se queda donde está. Por eso conviene pensarlo despacio antes de elegir: esto tiene sentido si Madrid es donde está tu gente, y no tanto si es donde estás de paso.
Se repone sin coste, en el mismo punto. Un bosque es un ser vivo y algunos árboles no salen adelante; eso entra en el precio y no en la letra pequeña.
Una marca pequeña con el nombre, sí. Lápidas, fotos y objetos, no: en cuanto se llena de cosas deja de ser un bosque y se convierte en un cementerio con árboles, que es precisamente lo que la gente viene buscando evitar.
Depende del árbol y de si se contrata en vida o en el momento. Te pasamos las cifras exactas en la primera conversación, por escrito y sin que haya que pedirlas dos veces.
Es lo que hace más de la mitad de la gente, y es lo que yo haría. Elegir tu propio árbol andando por el bosque es una tarde rara y buena, y le ahorra a tu familia tener que decidirlo en la peor semana de su vida.
Hablamos
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